El maestro de almas

Si tuviera que destacar lo más revelador de esta pequeña, solo en tamaño,  gran novela, sería el personaje enfrentado a sí mismo, a su esencia y a su moral en una sociedad que no maneja sus mismos códigos o principios.
Esta es la historia de un médico levantino, emigrante de Crimea, que llega a Francia junto a su mujer embarazada en busca de un futuro mejor al que el destino, por su origen pobre, tenía elegido para él. Pero, ¿a qué precio?

El personaje está desesperado por conseguir dinero, debe alimentar a su familia  y darle un techo, ser un miembro de esta nueva comunidad (en la que el racismo y el desprecio afloran en cada esquina hacia los inmigrantes). Él ha luchado para estudiar una carrera, se ha formado con sacrificios y esfuerzos, quiere ofrecer sus conocimientos a la elegante sociedad europea entre la que habita para ganarse el pan con dignidad y orgullo. ¿Por qué no lo dejan? 

Nemironsky sabía de lo que hablaba, conocía la sociedad frívola y cruel que da la espalda al diferente. Y no solo les de la espalda, es que juzga y condena los actos de aquellos que no son como ellos. Su código moral es más elevado pero puede ser tan solo, como dice con amargura el personaje, porque no llevan el hambre en los huesos.

"Lo que une a toda la gente que está aquí —piensa Dario Asfar, el protagonista, durante una noche de fiesta entre la gente que no lo acepta —, no es la necesidad de dinero o de diversión, sino la necesidad de aguantar constantemente. De aguantar más que el adversario. De ocultar sus debilidades, sus heridas. Porque el temple de sus nervios es el único capital del cual obtienen la fuerza. ¡Cuántas enfermedades, angustias, fobias inexplicables para los desgraciados condenados al éxito perpetuo! No necesitan un médico. Necesitan un confesor"

Os dejo por aquí un poema de la cordobesa Elena Medel. En él se mezclan nombres y hechos reales con personajes de ficción de Irène y la sociedad y circunstancias que los rodearon a todos. Némirovsky salió de Kiev durante la Revolución Bolchevique y se instaló siendo muy niña, con su familia en Francia. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, como judía que era y sin la nacionalidad francesa, que nunca consiguió, fue deportada al campo de concentración de Autswith, en el que murió víctima de la tisis con tan solo 39 años. Sus hijas, que perdieron al padre en el mismo campo de concentración, encontraron entre sus pertenencias el libro inédito que más fama le dio tras su fallecimiento; Suitte francesa. Qué mejor que la poesía para acercarnos, un poquito,  a esta magnífica escritora que no podrás dejar de leer una vez empieces.

Y si quieres saber algo más de la intrahistoria de Suitte francesa, te dejo un enlace a un artículo de El País, cuando una de sus hijas aceptó hablar, por primera vez en años, sobre su madre.
En el nombre de la madre

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